Reseña: The Midnight Library de Matt Haig

A mí la física cuántica siempre me ha parecido una ciencia curiosa. A mi entender, el gato de Schrödinger o la paradoja del gato es un experimento dantesco: el gato seguirá vivo o muerto mientras no abramos la caja. Bueno, me parece que matar el gato es terrible. Bromas a parte, hay que tener una mente privilegiada para que en nuestro cerebro podamos llegar a entender la magnitud de esta ciencia: en la vida tenemos tantas vidas paralelas como decisiones que tomamos a cada segundo. Miles de vidas.

De eso trata The Midnight Library. Así en resumen rápido: la protagonista es una joven desgraciada que se arrepiente de no haber hecho nada de provecho en la vida. Se quiere suicidar, se toma unas pastillas y… acaba en la librería de medianoche: una lugar entre la vida y la muerte donde hay escritas en libros todas las posibles vidas que podría haber vivido si hubiera tomado otras decisiones. Tiene la oportunidad de revivir las otras vidas para encontrar una que para ella tenga sentido.

Esta novela fue la novela del año 2020 según la puntuación de Goodreads. Lo entiendo, el argumento promete, mucho, pero luego no sé, es como si condujeras un Ferrari por una carretera de curvas y tuvieras que ir a cincuenta por hora porque hay un radar cada dos metros. No sé si me explico. La idea es buena, está escrito correctamente, no es poesía pero por lo menos es ameno, aunque le falla algo. No sé decirte qué. Me lo esperaba quizá más profundo. A ver, el gato de Schrödinger da para perderse en el propio mundo interior, y este libro se queda un poco a las puertas.

Por un lado me parece que el personaje está bien construido: una crisis existencial típica de nuestros tiempos, una chica lista que ha estudiado una carrera de filosofía y desperdicia su vida en un trabajo de bajo nivel. Es un libro rápido, te engancha desde el primer momento y solo necesitas un par de largas sentadas en el sofá para terminarlo. Por otro lado, necesitas más, quizá un punto más dramático, quizá una visión menos simple, o tal vez si tuviera todo eso sería demasiado rebuscado y no me gustaría nada. Me dejó una sensación agridulce.

Pero leyéndolo, como siempre, pensé en alguien para recomendárselo y me vinieron a la mente un par de nombres. Así que si me preguntas si te lo recomiendo, la respuesta es sí, pero solo si tienes en cuenta que no necesitas mirar más allá de las palabras

El libro es un poco como el pobre gato: se espera mucho de él, pero en realidad sólo es un gato.

Reseña: A visit from Voltaire de Dinah Lee Küng

Hoy te traigo algo distinto, algo realmente especial. Este libro me lo leí hace años y me encantó. Vivía en Durham por aquello del 2006 y un día me paseé por toda a biblioteca de la universidad, buscando algo que me hiciera reír. Encontré A visit from Voltaire de casualidad, casi cuando ya había desistido y me volvía a casa con las manos vacías, un poco desanimada. Lo cogí con poca o ninguna esperanza. Pero me equivoqué: encontré realmente lo que buscaba.

Este año 2021 he decidido releer algunos de mis favoritos (como si no tuviera ya un montón de libros pendientes) y este tenía que ser uno de ellos. No recordaba el título, ni el autor, ni la editorial, vamos que no tenía ni idea de cómo buscar en Google (créeme si pones “libros sobre Voltaire” te salen demasiados resultados y ninguno satisfactorio, ¿sabes cuántas biografías tiene este hombre?). De repente recordé que una vez se lo comenté a alguien que sabía mucho de libros y en ese momento me envió un e-mail con la carátula del libro preguntándome si era lo que estaba buscando. Hace poco recuperé el mail, que era de 2014, y acabé comprando el libro.

No sé si conoces David Safier. Es un autor con un estilo muy marcado, yo creo que es de esos que o te encanta o lo odias. A mí personalmente me parece hilarante, ojalá leyera por primera vez Maldito Karma y me echará unas risas, tan necesarias en estos días que corren. Bien, pues Safier tiene un libro que se llama Yo, mi, me… contigo donde la protagonista comparte cuerpo con el fantasma de Shakespeare. Lo leí hará cinco años. Me reí a lágrima viva. Y me volví a acordar de Voltaire.

Y dirás… ¿por qué me hablas de Safier si él no ha escrito este libro? Bien pues porque Dinah Lee Küng ha escrito una obra de arte con A visit from Voltaire. De hecho me atreveré a decir que merece incluso más que Safier ser reconocida a nivel mundial. Y traducida… porque por lo que sé solo se puede leer en inglés. Ojalá alguna editorial española se planteara traducirla y publicarla, porque te aseguro que merece mucho la pena.

Así en resumen la historia va de una mujer que tiene que trasladarse a vivir a Suiza. Madre de tres hijos y con bastante dificultad para adaptarse a su nuevo hogar, le cuesta congeniar con su nueva vida. Un día el fantasma de Voltaire se le aparece y empieza acompañarla y a conversar con ella. A visit from Voltaire no solo son risas y bromas, que también. Esta novela es un trabajo de investigación muy documentado y exquisito a través de la vida oculta de Voltaire.

Es verdad que quizá, al ser un personaje real, a veces los datos históricos pueden despistar un poco. No es un libro con el que te estés riendo continuamente, pero incluso esos momentos reales, donde se descubren muchas cosas del personaje, Voltaire nos los cuenta con humor y estilo.

Creo que Dinah Lee Küng hizo un trabajo digno de admirar, construyendo un fantasma con un personaje tan complejo como este filósofo. Te acabas creyendo que realmente es el mismísimo Voltaire el que te acompaña párrafo tras párrafo. Y eso, por lo menos, merece mis más sinceras felicitaciones.

Novel·la de Pol Beckmann

Te traigo, como primera reseña del año, una novela que me ha parecido de lo mejor de 2020: un ejercicio literario ingenioso y arriesgado, a la vez que intenso y único. Pol Beckmann juega en Novel·la a esconder la fina línea entre el mundo inconsciente y el palpable. Esta no es una novela cualquiera, créeme, es una novela que necesitas leer.

Para empezar, el protagonista tiene el mismo apellido que el autor, solo que modificado porque el personaje se apellida Bekman. Con este gesto, el autor empieza a jugar con el lector al gato y al ratón, a distinguir aquello que es real de lo que podría ser ficción. Me parece un acto valiente ponerle al personaje principal tu propio nombre, despojarte sin miramientos de la muralla que construye poder decir que no eres tú, sino tu personaje, el que ejerce el libre albedrío entre las páginas.

He de reconocer que hubo un punto en que tuve que parar y decir “un momento, ¿cómo?” Releí las cinco páginas anteriores y no entendí nada. Y cuando descubrí la verdad pensé “¡Hostia, Beckmann, eres desde hoy mi autor preferido!” (Paul Auster, por favor, perdóname, en el fondo sabes que eres tú, el único e inigualable, incluso le he puesto tu nombre a un peluche de mi hija, lo nuestro es una relación fiel). Y no es casualidad que Pol Beckmann se haya convertido en mi autor favorito de 2020 y que mi otro autor favorito sea Paul Auster, (que ahora que lo pienso se llaman igual) porque me atrevo a comparar Novel·la con 4 3 2 1, solo que Novel·la es un libro tan corto que te lo leerás en una tarde. No quiero que pienses que te he hecho un spoiler; la trama de estas dos historias no tienen nada que ver, te lo juro, puedes leer la novela de Paul Auster y leer la de Pol Beckmann y encontrarás dos realidades despojadas de similitudes, pero sí que te dejarán con la misma sensación cuando descubras la verdad. Te hablo de esa sensación entre incredulidad e indignación, de no haberte dado cuenta antes de qué iba la historia, y un sabor dulce de que ahora que lo sabes, eres muy consciente que la historia no podría haber sido distinta porque es perfecta con su único final.

Es muy difícil encontrar algo que sea negativo en esta novela. De hecho, creo que por una vez en mucho tiempo, yo no le cambiaría ni una coma. Si la lees, ya me contarás.

Cluny Brown de Margery Sharp

Cluny Brown debería ser un clásico. Lo lees y no comprendes cómo no es una lectura obligada durante la enseñanza obligatoria (y ya de paso podríamos actualizar un poco la lista de lecturas obligatorias, para ampliar horizontes). Está a la altura de Mujercitas o incluso, te diría más; más que compararla con Alcott, te la podría comparar con Jane Austen. Porque Margery Sharp debe estar a la altura de las mejores, solo que a las personas que decidieron qué es una obra maestra se les debió traspapelar esta novela. Y, la verdad, el mundo se ha perdido un gran descubrimiento.

Cluny Brown es una chica única, de esos personajes que te encuentras muy pocas veces en la vida. A mí me pareció una mezcla entre la protagonista de Annie y mi querida Jo (te he mencionado antes Mujercitas, ¿verdad?). Su mayor defecto es estar siempre fuera de lugar, no encontrar su sitio y sentirse siempre ajena a lo que ocurre a su alrededor. Quizá por esto el personaje me transmitió tanta ternura, porque me parece inevitable sentirse así alguna vez en la vida. Esto hace que, aunque el libro se escribió en 1944, sea una historia atemporal en cuanto a sentimientos.

Debo destacar que, seguramente por un trabajo excelente de traducción, la obra está llena de vocabulario exquisito y, si me lo permites, totalmente acertado. La construcción de las frases te adentra en la época en la que se desarrolla la acción y te atrapa de una manera casi imperceptible.

A diferencia de las últimas reseñas, donde lo que pasaba carecía de importancia porque lo realmente destacable era el crecimiento de los personajes y su mundo interior, en Cluny Brown se desarrolla una historia bien tejida de una dosis de inocencia. Hay una historia y un final y te quedas tan pasmado que incluso puedes llegar a necesitar releer las últimas páginas. Porque no te lo esperas aunque, mirando atrás, la autora te da pequeñas pistas, como si de migas de pan se trataran, pero son tan sutiles y perfectas que te las comes de un bocado y te sorprendes al encontrar la barra de pan entera.

He disfrutado tanto con este libro que ahora mismo no sé si es justo para la próxima historia que la empiece, porque tiene todas las de perder. Pero esto es como enamorarse: cuando acaba estás tan jodido que crees que jamás volverás a amar y de repente la vida te sorprende. Y a mí me encanta sorprenderme con la literatura y esta, créeme, es una obra para devorar.

Por las carreteras de Sylvain Prudhomme

Por las carreteras es una joya. Empiezo así la reseña porque me parece importante que leas este libro para que tú mismo/a lo valores pero yo, si fuera tú, lo leería. Esta es una historia diferente, nada que ver con el amor (aunque lo haya) ni con una novela convencional. Es, sin duda, una obra maestra.

Una novela narrada en primera persona, donde el narrador se nos presenta como un viejo conocido del autoestopista. Este es el protagonista real: un personaje indescifrable e único. Yo al leerlo pensaba “se me escapa algo, ¿por qué este tío es adicto a ser autoestopista? ¿cómo es capaz de dejar a su mujer y a su hijo para hacer esto?” A menudo me enfadaba con él. No se puede dejar a un niño solo para perseguir un sueño, una pasión. Pero a medida que la novela avanzaba comprendía que quizá yo carezco de la pasión del personaje, un motivo de vida tan fuerte como para que pueda renunciar a todo para hacer lo que me gusta. O quizá sí lo tenga, pero soy una cagada. Me gusta la estabilidad, la seguridad, la rutina y todo esto es incompatible con perseguir sueños a través de kilómetros.

Esta es también una historia de amistad, o más bien de la evolución de una amistad a través de los años; la transformación de una relación marcada por la pasión de perseguir aquello que somos, la dicotomía entre lo que debemos hacer y lo que nos gustaría hacer.

La única cosa negativa que podría decir de Por las carreteras solo se basa en una percepción personal que bien podría ser un error mío o una cuestión de total desconocimiento de la versión original. Venga, va, te digo lo que pienso y luego si quieres lo hablamos: hay, en algunos puntos, palabras que parecen disonantes. Es como si estuvieras escuchando una pieza perfectamente armónica y, de repente, al pianista se le escapara un dedo. Tengo dudas de si es un tema de la traducción al español o una jugada bienintencionada del autor. No te voy a poner ejemplos, para no condicionarte durante la lectura, pero ¿me haces un favor? Si a ti también te pasa leyendo este libro, envíame un comentario, un mensaje a través de Instagram o coméntame el post y me dices qué palabra te ha llamado la atención. Quizá coincidamos y podamos llegar juntos a la conclusión que o bien el traductor no ha acabado de encontrar las palabras adecuadas o bien yo veo fantasmas entre líneas.

Del resto de Por las carreteras solo te puedo dar alabanzas. Hay en esta novela pasajes soberbios que se te quedan dentro, descripciones de pensamientos universales que no te pueden pasar por alto. Te pongo un ejemplo:

“Y una mañana me levanté y me dije: Ya está, eres mayor. Me di cuenta de que tenía que dejar de repetirme la frase “más tarde, cuando seas mayor”. Que la cosa ya estaba: era mayor. Me había vuelto mayor sin querer. Sin que nadie me lo advirtiese. Comprendí que no habría prueba que pasar. Ni monstruo que vencer ni nudo que cortar. (…) Que ser mayor a partir de ahora sería aquello: la continuación de aquel presente, de aquella lenta traslación, de aquel deslizamiento casi imperceptible (…)”

Esta es una novela sobre hacerse mayor y no perder tu esencia. Plantea con esto el dilema de envejecer y mantenerse firme a lo que somos. Y ¡qué difícil es hacerse mayor y escoger la dirección correcta! ¿no te parece?

Ordesa de Manuel Vilas

Este libro es una oda a los padres y a la escritura. Es un templo al mundo interior. Ordesa es una arma de doble filo: te atrapa y toca la fibra, pero puede llegarte a empachar. Hay que estar preparado para leerlo, no te vale cualquier momento vital: hay que estar en calma. No dudo que si lo volviera a leer, prestaría atención a pasajes distintos a los que he subrayado ahora.

De la muerte de los padres se habla poco, quizá porque es algo que no va contra natura. Se habla más de muertes inesperadas, o dramáticas. Que un padre se muera antes que un hijo es, digamos, lo normal. A no ser que seas como yo y le tengas un pánico totalmente paralizante a la muerte; entonces ninguna muerte te parece natural.

Ordesa son recuerdos, mezclados entre la realidad y la ficción, donde Vilas demuestra un dominio de la lengua extasiado y armónico. Es un libro de poesía en ficción, lleno de sentimientos encontrados y nostalgia afirmativa.

He de confesar que algunas páginas me las leí en diagonal. No porque no fueran increíbles, que seguro que sí, sino porque en mi subconsciente no estaba preparada para ellas. Creo que es un libro a releer en diferentes momentos de tu vida. Estoy convencida que a cada lectura descubriría una joya más, pero no se puede asumir todo en una sola vez. Es necesario releerlo, a cachitos, saboreándolo con un buen café, con calma, como pasan los pensamientos en el libro. No es necesario leerlo de un tirón, ni engancharte a sus páginas de principio a fin. Es imperativo disfrutarlo, digerir sus párrafos, sin prisa, como una comida de domingo. Es condicional hacerlo de fin de semana a fin de semana, intercalarlo con otro libro, algo más light de ficción. Ordesa puede emborrachar, indigestarse, si no se toma en pequeñas dosis.

Me gustan los libros que mezclan cualquier tema con la escritura, es como si escribir fuera parte de todo, de cualquier vida. Me gusta subrayarlos a lápiz, pero confieso que a veces lo hago a boli, o simplemente paso de coger nada y doblo la página, sin más. Luego las releo para encontrar trocitos de una genialidad que ojalá yo fuera capaz de reproducir. Te pongo un ejemplo de Ordesa:

“Porque la materialidad de la escritura es la escritura. De hecho, santa Teresa escribió como escribió porque se le cansaba la mano de tanto meter la pluma en el tintero, de ahí su letra desganada y caótica y feroz y con mala sangre. Si hubiera tenido un boli Bic, su estilo habría sido otro”

Este es solo un fragmento de un capítulo en el que describe la impotencia de cómo se escribe. Con este libro, Manuel Vilas nos regala instantes eternos y deliciosos leer a gusto del consumidor.

Adiós fantasmas de Nadia Terranova

Adiós fantasmas es un viaje de vuelta a casa a través de los recuerdos y las heridas. La protagonista, Ida, vuelve a Mesina después de mucho, demasiado, tiempo. El personaje está marcado por la desaparición de su padre, pero más que por la desaparición, por el abandono y la necesidad de encontrar un final en la historia. La no comprensión de las razones por las que su padre la abandonó la persiguen al abrir el baúl de los recuerdos en este viaje.

Creo que en esta novela hay una especial atención al camino hasta la sanación. De una manera sutil y elegante, Nadia Terranova nos cuenta el viaje al perdón de una misma a través de una historia corta e intensa.

Realmente en Adiós fantasmas no pasan muchas cosas, pero no es importante lo que no pasa sino el crecimiento de la protagonista en su vuelta a los orígenes, la importancia de la curación de las herida: la perdida de su padre y la relación con su amiga de la infancia. La acción discurre en los recuerdos, en el diálogo interno de la protagonista que nos muestra una mujer con inseguridades y preocupaciones demasiado típicas de su edad, que te llegan por el paralelismo que puedes sentir con tu propia vida en muchos aspectos.

Destacar también que un gran punto de la novela es la relación con su madre, que pasa de la compasión al reproche por haberla hecho cargar por el peso de cuidar a su padre cuando todavía era demasiado niña, lo que la hizo madurar demasiado deprisa, a un ritmo inusual e injusto.

En conclusión, Adiós fantasmas es una novela de domingo por la tarde, un suspiro de poesía, ligero y a la vez profundo, que te llega al alma de manera inesperada. Desde mi punto de vista, es muy probable que la leas y quedes prendado/a de ella.

Déjate florecer de Sheila Mulero

Este me parece un libro imprescindible para cualquiera que alguna vez haya tenido una relación mejorable con su cuerpo. Yo siempre he pensado que si hablara a alguien como me hablo a mí misma me caería realmente mal. No tengo con los otros ni la falta de educación ni la falta de empatía que muchas veces peco de tener conmigo misma. A ver, voy a serte sincera, así de primeras tampoco es que caiga excesivamente bien, pero es que a mí misma me caigo aún peor.

Este libro te dirá cosas obvias, pero que es probable que te hagan pensar “joder, y ¿por qué no me lo aplico un poco?” Te hace ver la relación con tu cuerpo y con la comida desde el amor y la compasión, que de eso nos falta un ratito. El amor hacia uno mismo debería estar por encima del resto de cosas, porque, vamos a ser sinceros: sin cuerpo no existimos. Este libro te hará patente una realidad como un templo: tú eres suficiente tal y como eres ya.

No creo que sea la única que ha pasado por distintos estadios de amor propio en la vida, pero la verdad es que jamás he pasado por el estadio más importante: el de trabajarme “desde el cariño en ti misma en las causas que te llevan a ese sobrepeso pero no sigas machacándote con palabras hirientes dietas estrictas y ejercicio extenuante solo porque crees que lo mereces, te mereces todo lo bueno y bonito ya, siempre”. Porque realmente ves que olvidamos lo bueno y no nos ayuda en absoluto pensar en lo mal que lo hacemos todo.

Encontrarás en Déjate florecer una guía amena, super rápida de leer y en la que necesitarás sí o sí un lápiz para subrayar. Hay tantas cosas importantes y útiles que puede ser que hasta necesites dos, de lápices, porque sus frases no tienen desperdicio. Me gusta porque este no es un libro de autoayuda al uso, no es un libro optimista sin fundamento, ni un decálogo que los pasos a seguir para conseguir un cuerpo perfecto. Esto es todo lo contrario: un estudio exhaustivo que te hace ver que no sólo la comida es lo importante, que pone en valor las emociones que nos impiden avanzar, que advierte de los peligros de los extremos, aunque en un principio nos parezcan positivos como la obsesión por la comida sana, y nos enseña un camino más hasta el amor por uno/a mismo/a.

En conclusión creo que la autora ha escrito un gran libro que puede ayudarte a entender muchas cosas a las que es difícil ponerle nombre. Pienso que es urgente que las mujeres, (y digo mujeres porque creo que necesitan más autoestima que los hombres) y todo el mundo en general, aprendamos a respetarnos a nosotros mismos y nos amemos incondicionalmente. En resumen, que nos dejemos florecer y no nos reguemos más desde la autocrítica destructiva.

Gina de Maria Climent

Gina es un poco como una Amélie decadente. Todo lo decadente que podría ser la película francesa si, en vez de estar ambientada en París, sucediera en el Delta del Ebro. No me malinterpretes: soy una fiel amante del Delta, me encantan los arrozales en invierno y los paisajes cerca del río, por no hablar de sus infinitas playas y los horizontes llenos de cometas de los que practican kitesurf en un mar que siempre parece un lago. Pero el Delta del Ebro tiene este punto especial, como de fin del mundo desaliñado, como si el glamour se hubiera desvanecido y solo hubiera quedado la realidad y el polvo de calles a medio asfaltar.

Comparo Gina con Amélie por varias razones. La primera es que Amélie es una película que suele gustar a todo el mundo y Gina es de ese tipo de libros que puede gustarte por cercano y por tratar un tema que nos toca a demasiadas: la crisis de las que estamos en los treinta y tantos y la maternidad que no llega nos sobrevuela la cabeza de manera monotemática. La segunda razón es que Gina tiene ese punto introspectivo y soñador que comparte con la película de 2001, como si le pudieras poner una banda sonora de esas de boulangerie de Montmartre. Y, por último, la tercera razón es que ambas te hacen sentir ese punto optimista que solo consiguen las pequeñas historias de la cotidianidad.

Pero Gina es mucho más: es la historia de una chica perdida, de alguien a quien de repente diagnostican una enfermedad que hace que tenga que decidir si va a tener hijos ya o si ya no los va atener nunca. Es una historia íntima y personal, pero fácil, quizá para mi gusto demasiado fácil. Es de esos libros que te lees en una sentada y un suspiro. Este pedazo de la vida de Gina transcurre entre dos tiempos, entre el presente y el pasado, y en tres lugares: Barcelona, París y el Delta.

No sabes muy bien cómo pero, las reflexiones de Gina parecen tuyas, como si estuvieran atrapadas en un ser que no eres tú pero que bien podría ser tu alter ego. Habla de las inseguridades y la sexualidad, de los miedos y las trampas de la vida y el final de la novela parece que sea el inicio de un nuevo comienzo.

Atrapa la liebre. Lana Bastasic.

“Para Lejla, la vida es un zorro rabioso que viene a hurtar gallinas por la noche. Para ella, escribir sobre la vida significaba fijar la mirada en la gallina descuartizada al día siguiente, sin ninguna opción de capturar a la bestia in fraganti”
Siempre me han gustado los libros que hablan de road trips, aunque he leído pocos y de esos pocos creo que ninguno me ha atrapado como este (si tienes alguna sugerencia de novelas de este tipo, no dudes en dejármela por aquí). Me parece una genialidad ambientar un libro que habla de los recuerdos de la guerra sin mencionar en una sola línea la palabra “guerra”. Es sublime, no sólo por la ausencia de la palabra sino porque te transporta a esa Bosnia oscura que alguien que no ha pasado por una situación bélica de estas características no se puede ni llegar a imaginar.

También es un libro sobre la amistad, sobre la evolución de dos personas a lo largo del tiempo, de cómo podemos cambiar, acercarnos y alejarnos mientras lo años pasan. Pero esta novela, por encima de todo, es un análisis de las psicológico personalidades de Lejla y Sara, un poema a su relación a su historia recortada y construida de fragmentos que se enganchan en el cerebro de Sara. La narradora explica, con una combinación perfecta, su presente y su pasado teñidos de oscuridad y sombras. Atrapa la liebre es un viaje a un mundo que Sara parecía querer olvidar y quilómetro a quilómetro recuerda desde una perspectiva sincera y desgarradora.
Según las críticas es un País de las Maravillas balcanizado. Después de leer una entrevista a la autora entendí mucho más de la novela y lamenté muchísimo no hablar serbocroata, la lengua en la escribió la obra. Con la traducción se pierden matices, y en este caso estoy segura que el hecho de escribirla en una lengua que han divido en tres lenguas distintas y ya no existe (como si esto se pudiera hacer) es un punto que un lector que lea la versión traducida (por muy buena que sea, y en este caso la edición de Navona Ficciones es impecable) pierde contexto, porque mucha parte de la obra se centra en la identidad, y la lengua es identidad.
Lo primero que me llamó la atención de la novela es que empieza en minúsculas. Parece un detalle sin importancia, pero al finalizarla entendí el porqué de compararla con el País de la Maravillas. La autora reescribió los doce capítulos de Lewis Carroll para crear su propio mundo en llamas. Con ello creó dos personajes intensos y maravillosos que hacen que la historia fluya entre las venas del lector en apenas una tarde.