Atrapa la liebre. Lana Bastasic.

“Para Lejla, la vida es un zorro rabioso que viene a hurtar gallinas por la noche. Para ella, escribir sobre la vida significaba fijar la mirada en la gallina descuartizada al día siguiente, sin ninguna opción de capturar a la bestia in fraganti”
Siempre me han gustado los libros que hablan de road trips, aunque he leído pocos y de esos pocos creo que ninguno me ha atrapado como este (si tienes alguna sugerencia de novelas de este tipo, no dudes en dejármela por aquí). Me parece una genialidad ambientar un libro que habla de los recuerdos de la guerra sin mencionar en una sola línea la palabra “guerra”. Es sublime, no sólo por la ausencia de la palabra sino porque te transporta a esa Bosnia oscura que alguien que no ha pasado por una situación bélica de estas características no se puede ni llegar a imaginar.

También es un libro sobre la amistad, sobre la evolución de dos personas a lo largo del tiempo, de cómo podemos cambiar, acercarnos y alejarnos mientras lo años pasan. Pero esta novela, por encima de todo, es un análisis de las psicológico personalidades de Lejla y Sara, un poema a su relación a su historia recortada y construida de fragmentos que se enganchan en el cerebro de Sara. La narradora explica, con una combinación perfecta, su presente y su pasado teñidos de oscuridad y sombras. Atrapa la liebre es un viaje a un mundo que Sara parecía querer olvidar y quilómetro a quilómetro recuerda desde una perspectiva sincera y desgarradora.
Según las críticas es un País de las Maravillas balcanizado. Después de leer una entrevista a la autora entendí mucho más de la novela y lamenté muchísimo no hablar serbocroata, la lengua en la escribió la obra. Con la traducción se pierden matices, y en este caso estoy segura que el hecho de escribirla en una lengua que han divido en tres lenguas distintas y ya no existe (como si esto se pudiera hacer) es un punto que un lector que lea la versión traducida (por muy buena que sea, y en este caso la edición de Navona Ficciones es impecable) pierde contexto, porque mucha parte de la obra se centra en la identidad, y la lengua es identidad.
Lo primero que me llamó la atención de la novela es que empieza en minúsculas. Parece un detalle sin importancia, pero al finalizarla entendí el porqué de compararla con el País de la Maravillas. La autora reescribió los doce capítulos de Lewis Carroll para crear su propio mundo en llamas. Con ello creó dos personajes intensos y maravillosos que hacen que la historia fluya entre las venas del lector en apenas una tarde.

Gente normal. Sally Rooney

“… No conseguía entender cómo había ocurrido, cómo había dejado que la conversación se le escapase de las manos de esa manera…”

Gente normal es un libro que engancha por ser tan normal. La historia de Marianne y Connell es turbia, extraña, dilatada en los años e intensa. Es de esas historias que no sabes si los protagonistas acabarán por abandonarse o quererse para siempre. Un relato de amor que debe pasar por las diferentes etapas de la infancia, juventud y madurez mientras los protagonistas crecen tanto por separado como juntos.

Por un lado, Connell me ha parecido un personaje con pocas entrañas, de esas personas que no les iría mal recibir un par de hostias para que la sangre le hierva un poco. Es bastante tibio, pero entrañable. Por otro lado, hay capítulos en los que Marianne me ha caído realmente mal: es un personaje complejo psicológicamente que cree que, por hecho de ser quien es, se merece que los hombres la desprecien, tiene muy poca autoestima y un punto autodestructivo. Ambos tienen un complejo de inferioridad que a cualquier terapeuta le encantaría poder tratar.

Con un lenguaje sencillo y una trama cronológica y estructurada de manera simple, Gente normal es un libro que se lee rápido. No es solo una historia de amor, es la psicología de dos personajes cuyas personalidades se acercan y se alejan en lo que transcurre el tiempo. Es una obra que recomendaría a alguien que busque algo ágil pero con cierto grado de profundidad, unas líneas para sentirse identificado y poder empatizar con los personajes.

Hay pasajes en la novela, situaciones, que podrían haberle pasado a cualquiera. La frase que introduce esta entrada, por ejemplo, es parte de una página que describe cómo podemos iniciar una conversación y cagarla, no se sabe muy bien cómo, y que resulte que la situación se acabe torciendo tanto que las consecuencias no te las podías ni imaginar antes de empezar a hablar.

Creo que es un libro que puede gustar a diferentes edades. De hecho, cuando lo leí pensé en Marina, mi post-millennial favorita a la que estoy introduciendo al mundo de la buena literatura (la última vez le dejé Faulker, Safier y Gabriel García Márquez, porque tiene mucho que aprender y tiene que leer de todo. Estoy a un paso de dejarle Tolstoi), pero también pensé en Natalia que no necesita que yo le enseñe nada y ya pasa de los 30, probablemente incluso podría recomendárselo a mi madre porque creo que es un libro sin edad: que lo disfrutes dependerá más del momento vital que no de tu madurez.

En él encontrarás una gran historia, de esas que duran años, de gente que engancha, con un punto justo de purpurina al estilo de “No soy una persona religiosa, pero a veces pienso que Dios te hizo para mí”, pero tampoco sin vomitar demasiado romanticismo, solo con el necesario para disfrutar de un buen rato literario.

Men without women

Decidir cual sería la primera reseña del blog ha sido un debate interno importante. Hay muchos libros que me gustaría comentar pero el primero debe marcar una línea, causar una buena impresión, sin caer en lo típico o lo que está de moda.

Por todo esto Men without Women me pareció acertado: Murakami es archiconocido pero esta pequeña joya literaria no ha tenido la publicidad que pudieron tener otras obras como Tokio Blues o 1Q84. Esta es una obra de relatos cortos donde el denominador común son las historias de protagonistas hombres y su relación con mujeres que solo aparecen en el relato mencionadas, pero son el punto clave de todo el desarrollo de la historia. Son siete relatos potentes, donde lo realmente importante no siempre es qué pasa sino cómo pasa. Murakami usa un lenguaje fluido, su estilo más puro y sublime, con el que nos muestra de una manera poética como los distintos protagonistas sienten la soledad y el desamor.

Algunas de las historias recuerdan mucho a us grandes obras maestras como Kafka en la orilla, por su historia surrealista, o Baila Baila Baila, por el punto de suspense. Con esta joya, Murakami nos regala algo diferente pero sin dejar de ser él en su mejor versión.